Dice un libro sagrado tibetano: “No te preocupes si tu barca está bien o mal pintada, lo que importa es que te ayude a atravesar el río”… Los grandes Maestros nunca trataron de ser Maestros sino de llegar a ser alumnos perfectos. Para un alumno perfecto, un Maestro es todo aquel que le enseña algo, voluntaria o involuntariamente.
jueves, 29 de marzo de 2012
miércoles, 28 de marzo de 2012
Pues bueno, esto más que ser una entrada de una experiencia o de algo que haga hecho, quiero comentarme como entiendo los tipos de amor hoy en día, ahora mismo sé que hay tres tipos diferentes de amor: Filos, Eros y Ágape; estos tres tipos se mezclan de manera extraña para da vida a un sin fin de matices de lo que podemos considerar como amor.
Empecemos con definirlos de uno por uno, este orden no necesariamente es sobre como se presenta o con que intensidad se siente, ni tampoco con importancia o por etapas, únicamente será un listado de lo que yo entiendo:
El mensaje más importante que dejaré en esta entrada es este: All you need is LOVE.
Anexos:
Para terminar para dar un poco más de ideas también existen otros matices difíciles de clasificar en alguno de estos tres, así que los dejaré aquí como un anexo:
Si vas a amar a alguien, hazlo con todo tu ser.
Empecemos con definirlos de uno por uno, este orden no necesariamente es sobre como se presenta o con que intensidad se siente, ni tampoco con importancia o por etapas, únicamente será un listado de lo que yo entiendo:
- Filos, es el amor que se siente por las personas que te rodean, aquellas con las que te gusta estar, compartir el tiempo, con las que pasas tiempo por gusto, aquella con las que compartimos intereses, y que consideramos amigos y hermanos, personas que respetamos y apreciamos y que se vale decir, necesitamos que sigan apoyándonos sin importar que pase. Es decir este tipo de amor define desde el compañerismo hasta la verdadera amistad. Empieza creciendo desde una pequeña semilla y puede crecer mucho, y puede después de un tiempo convertirte en los otros dos tipos de amor.
- En este tipo de amor, entra también el afecto, y es aquí cuando vemos algunos de los matices más comunes, afecto a lo útil, afecto al placer, afecto a lo bueno.
- A lo Útil tenemos sentimientos a las personas o las cosas que son útiles en nuestra vida, a un persona que resuelve nuestros problemas o a un celular por ejemplo.
- A lo Placentero: Este es más o menos igual que el anterior pero el sentimiento es hacia las personas o cosas que nos complacen, es decir las personas que hacen cosas por nosotros, o a los objetos que nos edonizan la vida.
- A lo Bueno: Es el afecto que tenemos a las cosas que deseamos y que consideramos que merecemos o que creemos que necesitamos, es el mal llamado amor platónico hacia alguna persona o hacia algún objeto.
- Eros, este amor es el que la mayoría confunde con el amor verdadero, es el que se puede presentar muy intenso al inicio y generalmente disminuye con forme pasa el tiempo y por esto mismo puede ser el que más nos hiera, debido a que todos nosotros siempre nos deja pidiendo más, es el que nos embriaga, es egoísta pues se trata de poseer al otro, de mantenerlo y algunas veces de subyugarlo, es el amor pasional en forma fisiológica, es el sentimiento hacia la corporalidad de la pareja. Por tanto no podemos permanecer siempre en este amor o no podemos esperar que siempre sea al igual de intenso que en los inicios, la carne cae y si la rutina lo alcanza puede hacer que suframos por haberlo conocido.
- Ágape, este amor es el que considero difícil de definir, pues este amor no podemos limitarlo a una serie de reglas estrictas o siquiera tratarlo de emparentar con alguna otra sensación, este sentimiento sólo se le puede decir: El Amor Que Devora, es tan grande y tan intento que es difícil de encontrar su límite, es la entrega amorosa a alguna tarea, a alguna persona, en esta práctica es difícil encontrarse que sea a algún objeto pues trasciende los sentimentalismos materiales, quien ha experimentado ágape en su vida hará todo lo posible por tenerlo ahí y no soltarlo, es decir es más que una adición, solo el que lo experimenta puede conocerlo y aun así se le complicaría describirlo, pues es la más sensación sublime, el sentimiento más profundo, es complicidad con el universo, es cuidar el amor, el la ternura infinita. Es mas puro, verdadero e intenso que el amor más idealizado que te puedas imaginar, si lo haz sentido sabes que lo que digo es cierto y se queda corto, es el amor por un ideal, es la sensación que le sigue al amar y que te hace sentir supremo, es el amor a una persona en la cual abandonas lo que sea si te separa de sus pasos y haces cualquier cosa por estar con esa persona. Es paciencia y confianza es la suma de los sentimiento sublimes.
El mensaje más importante que dejaré en esta entrada es este: All you need is LOVE.
Anexos:
Para terminar para dar un poco más de ideas también existen otros matices difíciles de clasificar en alguno de estos tres, así que los dejaré aquí como un anexo:
Si vas a amar a alguien, hazlo con todo tu ser.
- Es el amor como juego: El amante evita el compromiso y aunque no pretenda daño alguno para sus parejas, puede infligírselo por la diferencia de expectativas sobre la relación.
- Es el amor compañero: El amante valora el amor como una forma evolucionada de la amistad y encuentra importante que su pareja presente una afinidad de gustos, intereses y nivel de compromiso.
- Es el amor posesivo: El amante siente el amor de forma intensa y posesiva, llegando en casos a lo obsesivo. Este corresponde con el concepto occidental de romanticismo y como tal es ensalzado en la literatura romántica así como en las diversas manifestaciones de cultura popular.
- Es el amor práctico. El amante tiene claras sus expectativas ante una relación y espera, de forma práctica, que estas se vean satisfechas.
martes, 27 de marzo de 2012
De como aprendí la importancia de ser buen conversador.
Un bonito cuento:
POR FALTA DE PALABRAS….
Sobre encontrarse a la chica 100% perfecta una bella mañana de abril
Una bella mañana de abril, en una callecita lateral del elegante barrio de Harajuku en Tokio, me crucé con la chica 100% perfecta.
A decir verdad, no era tan guapa. No sobresalía de ninguna manera. Su ropa no era nada especial. En la nuca su cabello tenía las marcas de recién haber despertado. Tampoco era joven –debía andar alrededor de los treinta, ni si quiera cerca de lo que comúnmente se considera una “chica”. Aún así, a quince metros sé que ella es la chica 100% perfecta para mí. Desde el momento que la vi algo retumbó en mi pecho y mi boca quedó seca como un desierto.
Quizá tú tienes tu propio tipo de chica favorita: digamos, las de tobillos delgados, o grandes ojos, o delicados dedos, o sin tener una buena razón te enloquecen las chicas que se toman su tiempo en terminar su merienda. Yo tengo mis propias preferencias, por supuesto. A veces en un restaurante me descubro mirando a la chica de la mesa de junto porque me gusta la forma de su nariz.
Pero nadie puede asegurar que su chica 100% perfecta corresponde a un tipo preconcebido. Por mucho que me gusten las narices, no puedo recordar la forma de la de ella –ni siquiera si tenía una. Todo lo que puedo recordar de forma segura es que no era una gran belleza. Extraño.
-Ayer me crucé en la calle con la chica 100% perfecta –le digo a alguien.
-¿Sí? –él dice- ¿Estaba guapa?
-No realmente.
-De tu tipo entonces.
-No lo sé. Me parece que no puedo recordar nada de ella, la forma de sus ojos o el tamaño de su pecho.
-Raro. -Sí. Raro.
-Bueno, como sea –me dice ya aburrido- ¿Qué hiciste? ¿Le hablaste? ¿La seguiste?
-Nah, sólo me crucé con ella en la calle.
Ella caminaba de este a oeste y yo de oeste a este. Era una bella mañana de abril.
Ojalá hubiera hablado con ella. Media hora sería suficiente: sólo para preguntarle acerca de ella misma, contarle algo acerca de mi, y –lo que realmente me gustaría hacer- explicarle las complejidades del destino que nos llevaron a cruzarnos uno con el otro en esa calle en Harajuku en una bella mañana de abril en 1981.
Algo que seguro nos llenaría de tibios secretos, como un antiguo reloj construido cuando la paz reinaba en el mundo.
Después de hablar, almorzaríamos en algún lugar, quizá veríamos una película de Woody Allen, parar en el bar de un hotel para unos cócteles. Con un poco de suerte, terminaríamos en la cama.
La posibilidad toca en la puerta de mi corazón.
Ahora la distancia entre nosotros es de apenas 15 metros.
¿Cómo acercármele? ¿Qué debería decirle?
-Buenos días señorita, ¿podría compartir conmigo media hora para conversar?
Ridículo. Sonaría como un vendedor de seguros.
-Discúlpeme, ¿sabría usted si hay en el barrio alguna lavandería 24 horas?
No, simplemente ridículo. No cargo nada que lavar, ¿quién me compraría una línea como esa?
Quizá simplemente sirva la verdad: Buenos días, tú eres la chica 100% perfecta para mi.
No, no se lo creería. Aunque lo dijera es posible que no quisiera hablar conmigo. Perdóname, podría decir, es posible que yo sea la chica 100% perfecta para ti, pero tú no eres el chico 100% perfecto para mí. Podría suceder, y de encontrarme en esa situación me rompería en mil pedazos, jamás me recuperaría del golpe, tengo treinta y dos años, y de eso se trata madurar.
Pasamos frente a una florería. Un tibio airecito toca mi piel. La acera está húmeda y percibo el olor de las rosas. No puedo hablar con ella. Ella trae un suéter blanco y en su mano derecha estruja un sobre blanco con una sola estampilla. Así que ella le ha escrito una carta a alguien, a juzgar por su mirada adormecida quizá pasó toda la noche escribiendo. El sobre puede guardar todos sus secretos.
Doy algunas zancadas y giro: ella se pierde en la multitud.
Ahora, por supuesto, sé exactamente qué tendría que haberle dicho. Tendría que haber sido un largo discurso, pienso, demasiado tarde como para decirlo ahora. Se me ocurren las ideas cuando ya no son prácticas.
Bueno, no importa, hubiera empezado “Érase una vez” y terminado con “Una historia triste, ¿no crees?”
Érase una vez un muchacho y una muchacha. El muchacho tenía dieciocho y la muchacha dieciséis. Él no era notablemente apuesto y ella no era especialmente bella. Eran solamente un ordinario muchacho solitario y una ordinaria muchacha solitaria, como todo los demás. Pero ellos creían con todo su corazón que en algún lugar del mundo vivía el muchacho 100% perfecto y la muchacha 100% perfecta para ellos. Sí, creían en el milagro. Y ese milagro sucedió.
Un día se encontraron en una esquina de la calle.
-Esto es maravilloso –dijo él- Te he estado buscando toda mi vida. Puede que no creas esto, pero eres la chica 100% perfecta para mí.
-Y tú –ella le respondió- eres el chico 100% perfecto para mi, exactamente como te he imaginado en cada detalle. Es como un sueño.
Se sentaron en la banca de un parque, se tomaron de las manos y dijeron sus historias hora tras hora. Ya no estaban solos. Qué cosa maravillosa encontrar y ser encontrado por tu otro 100% perfecto. Un milagro, un milagro cósmico.
Sin embargo, mientras se sentaron y hablaron una pequeña, pequeñísima astilla de duda echó raíces en sus corazones: ¿estaba bien si los sueños de uno se cumplen tan fácilmente?
Y así, tras una pausa en su conversación, el chico le dijo a la chica: Vamos a probarnos, sólo una vez. Si realmente somos los amantes 100% perfectos, entonces alguna vez en algún lugar, nos volveremos a encontrar sin duda alguna y cuando eso suceda y sepamos que somos los 100% perfectos, nos casaremos ahí y entonces, ¿cómo ves?
-Sí –ella dijo- eso es exactamente lo que debemos hacer.
Y así partieron, ella al este y él hacia el oeste.
Sin embargo, la prueba en que estuvieron de acuerdo era absolutamente innecesaria, nunca debieron someterse a ella porque en verdad eran el amante 100% perfecto el uno para el otro y era un milagro que se hubieran conocido. Pero era imposible para ellos saberlo, jóvenes como eran. Las frías, indiferentes olas del destino procederían a agitarlos sin piedad.
Un invierno, ambos, el chico y la chica se enfermaron de influenza, y tras pasaron semanas entre la vida y la muerte, perdieron toda memoria de los años primeros. Cuando despertaron sus cabezas estaban vacías como la alcancía del joven D. H. Lawrence.
Eran dos jóvenes brillantes y determinados, a través de esfuerzos continuos pudieron adquirir de nuevo el conocimiento y la sensación que los calificaba para volver como miembros hechos y derechos de la sociedad. Bendito el cielo, se convirtieron en ciudadanos modelo, sabían transbordar de una línea del subterráneo a otra, eran capaces de enviar una carta de entrega especial en la oficina de correos. De hecho, incluso experimentaron otra vez el amor, a veces el 75% o aún el 85% del amor.
El tiempo pasó veloz y pronto el chico tuvo treinta y dos, la chica treinta
Una bella mañana de abril, en búsqueda de una taza de café para empezar el día, el chico caminaba de este a oeste, mientras que la chica lo hacía de oeste a este, ambos a lo largo de la callecita del barrio de Harajuku de Tokio. Pasaron uno al lado del otro justo en el centro de la calle. El débil destello de sus memorias perdidas brilló tenue y breve en sus corazones. Cada uno sintió retumbar su pecho. Y supieron:
Ella es la chica 100% perfecta para mí.
Él es el chico 100% perfecto para mí.
Pero el resplandor de sus recuerdos era tan débil y sus pensamientos no tenían ya la claridad de hace catorce años. Sin una palabra, se pasaron de largo, uno al otro, desapareciendo en la multitud. Para siempre.
Una historia triste, ¿no crees?
Sí, eso es, eso es lo que tendría que haberle dicho.
Haruki Murakami
POR FALTA DE PALABRAS….
Sobre encontrarse a la chica 100% perfecta una bella mañana de abril
Una bella mañana de abril, en una callecita lateral del elegante barrio de Harajuku en Tokio, me crucé con la chica 100% perfecta.
A decir verdad, no era tan guapa. No sobresalía de ninguna manera. Su ropa no era nada especial. En la nuca su cabello tenía las marcas de recién haber despertado. Tampoco era joven –debía andar alrededor de los treinta, ni si quiera cerca de lo que comúnmente se considera una “chica”. Aún así, a quince metros sé que ella es la chica 100% perfecta para mí. Desde el momento que la vi algo retumbó en mi pecho y mi boca quedó seca como un desierto.
Quizá tú tienes tu propio tipo de chica favorita: digamos, las de tobillos delgados, o grandes ojos, o delicados dedos, o sin tener una buena razón te enloquecen las chicas que se toman su tiempo en terminar su merienda. Yo tengo mis propias preferencias, por supuesto. A veces en un restaurante me descubro mirando a la chica de la mesa de junto porque me gusta la forma de su nariz.
Pero nadie puede asegurar que su chica 100% perfecta corresponde a un tipo preconcebido. Por mucho que me gusten las narices, no puedo recordar la forma de la de ella –ni siquiera si tenía una. Todo lo que puedo recordar de forma segura es que no era una gran belleza. Extraño.
-Ayer me crucé en la calle con la chica 100% perfecta –le digo a alguien.
-¿Sí? –él dice- ¿Estaba guapa?
-No realmente.
-De tu tipo entonces.
-No lo sé. Me parece que no puedo recordar nada de ella, la forma de sus ojos o el tamaño de su pecho.
-Raro. -Sí. Raro.
-Bueno, como sea –me dice ya aburrido- ¿Qué hiciste? ¿Le hablaste? ¿La seguiste?
-Nah, sólo me crucé con ella en la calle.
Ella caminaba de este a oeste y yo de oeste a este. Era una bella mañana de abril.
Ojalá hubiera hablado con ella. Media hora sería suficiente: sólo para preguntarle acerca de ella misma, contarle algo acerca de mi, y –lo que realmente me gustaría hacer- explicarle las complejidades del destino que nos llevaron a cruzarnos uno con el otro en esa calle en Harajuku en una bella mañana de abril en 1981.
Algo que seguro nos llenaría de tibios secretos, como un antiguo reloj construido cuando la paz reinaba en el mundo.
Después de hablar, almorzaríamos en algún lugar, quizá veríamos una película de Woody Allen, parar en el bar de un hotel para unos cócteles. Con un poco de suerte, terminaríamos en la cama.
La posibilidad toca en la puerta de mi corazón.
Ahora la distancia entre nosotros es de apenas 15 metros.
¿Cómo acercármele? ¿Qué debería decirle?
-Buenos días señorita, ¿podría compartir conmigo media hora para conversar?
Ridículo. Sonaría como un vendedor de seguros.
-Discúlpeme, ¿sabría usted si hay en el barrio alguna lavandería 24 horas?
No, simplemente ridículo. No cargo nada que lavar, ¿quién me compraría una línea como esa?
Quizá simplemente sirva la verdad: Buenos días, tú eres la chica 100% perfecta para mi.
No, no se lo creería. Aunque lo dijera es posible que no quisiera hablar conmigo. Perdóname, podría decir, es posible que yo sea la chica 100% perfecta para ti, pero tú no eres el chico 100% perfecto para mí. Podría suceder, y de encontrarme en esa situación me rompería en mil pedazos, jamás me recuperaría del golpe, tengo treinta y dos años, y de eso se trata madurar.
Pasamos frente a una florería. Un tibio airecito toca mi piel. La acera está húmeda y percibo el olor de las rosas. No puedo hablar con ella. Ella trae un suéter blanco y en su mano derecha estruja un sobre blanco con una sola estampilla. Así que ella le ha escrito una carta a alguien, a juzgar por su mirada adormecida quizá pasó toda la noche escribiendo. El sobre puede guardar todos sus secretos.
Doy algunas zancadas y giro: ella se pierde en la multitud.
Ahora, por supuesto, sé exactamente qué tendría que haberle dicho. Tendría que haber sido un largo discurso, pienso, demasiado tarde como para decirlo ahora. Se me ocurren las ideas cuando ya no son prácticas.
Bueno, no importa, hubiera empezado “Érase una vez” y terminado con “Una historia triste, ¿no crees?”
Érase una vez un muchacho y una muchacha. El muchacho tenía dieciocho y la muchacha dieciséis. Él no era notablemente apuesto y ella no era especialmente bella. Eran solamente un ordinario muchacho solitario y una ordinaria muchacha solitaria, como todo los demás. Pero ellos creían con todo su corazón que en algún lugar del mundo vivía el muchacho 100% perfecto y la muchacha 100% perfecta para ellos. Sí, creían en el milagro. Y ese milagro sucedió.
Un día se encontraron en una esquina de la calle.
-Esto es maravilloso –dijo él- Te he estado buscando toda mi vida. Puede que no creas esto, pero eres la chica 100% perfecta para mí.
-Y tú –ella le respondió- eres el chico 100% perfecto para mi, exactamente como te he imaginado en cada detalle. Es como un sueño.
Se sentaron en la banca de un parque, se tomaron de las manos y dijeron sus historias hora tras hora. Ya no estaban solos. Qué cosa maravillosa encontrar y ser encontrado por tu otro 100% perfecto. Un milagro, un milagro cósmico.
Sin embargo, mientras se sentaron y hablaron una pequeña, pequeñísima astilla de duda echó raíces en sus corazones: ¿estaba bien si los sueños de uno se cumplen tan fácilmente?
Y así, tras una pausa en su conversación, el chico le dijo a la chica: Vamos a probarnos, sólo una vez. Si realmente somos los amantes 100% perfectos, entonces alguna vez en algún lugar, nos volveremos a encontrar sin duda alguna y cuando eso suceda y sepamos que somos los 100% perfectos, nos casaremos ahí y entonces, ¿cómo ves?
-Sí –ella dijo- eso es exactamente lo que debemos hacer.
Y así partieron, ella al este y él hacia el oeste.
Sin embargo, la prueba en que estuvieron de acuerdo era absolutamente innecesaria, nunca debieron someterse a ella porque en verdad eran el amante 100% perfecto el uno para el otro y era un milagro que se hubieran conocido. Pero era imposible para ellos saberlo, jóvenes como eran. Las frías, indiferentes olas del destino procederían a agitarlos sin piedad.
Un invierno, ambos, el chico y la chica se enfermaron de influenza, y tras pasaron semanas entre la vida y la muerte, perdieron toda memoria de los años primeros. Cuando despertaron sus cabezas estaban vacías como la alcancía del joven D. H. Lawrence.
Eran dos jóvenes brillantes y determinados, a través de esfuerzos continuos pudieron adquirir de nuevo el conocimiento y la sensación que los calificaba para volver como miembros hechos y derechos de la sociedad. Bendito el cielo, se convirtieron en ciudadanos modelo, sabían transbordar de una línea del subterráneo a otra, eran capaces de enviar una carta de entrega especial en la oficina de correos. De hecho, incluso experimentaron otra vez el amor, a veces el 75% o aún el 85% del amor.
El tiempo pasó veloz y pronto el chico tuvo treinta y dos, la chica treinta
Una bella mañana de abril, en búsqueda de una taza de café para empezar el día, el chico caminaba de este a oeste, mientras que la chica lo hacía de oeste a este, ambos a lo largo de la callecita del barrio de Harajuku de Tokio. Pasaron uno al lado del otro justo en el centro de la calle. El débil destello de sus memorias perdidas brilló tenue y breve en sus corazones. Cada uno sintió retumbar su pecho. Y supieron:
Ella es la chica 100% perfecta para mí.
Él es el chico 100% perfecto para mí.
Pero el resplandor de sus recuerdos era tan débil y sus pensamientos no tenían ya la claridad de hace catorce años. Sin una palabra, se pasaron de largo, uno al otro, desapareciendo en la multitud. Para siempre.
Una historia triste, ¿no crees?
Sí, eso es, eso es lo que tendría que haberle dicho.
Haruki Murakami
Sobre como aprendí sobre los buenos negocios.
Hace ya algún tiempo, me encontraba trabajando para una empresa transnacional de desarrollo de software esta empresa radicada en Qro, era lo suficientemente grande para tener oficinas en muchas ciudades dentro y fuera del país, de hecho era lo suficientemente importante para tener 4 pisos llenos en Torre Mayor en el D.F. (Un gran y caro edificio y el más alto en Latinoamérica en ese tiempo) bueno pues, resulta que en una ocasión llevaba yo un total de 8 o 10 meses trabajando como outsourcing para un proyecto de RH en gobierno, de esos meses más de la mitad había sido en marchas forzadas, es decir, durmiendo poco, comiendo mucho y trabajando más, pues bueno, resulta que un día nos comentaron que era urgente que termináramos algunas pruebas dentro de un tiempo determinado, se necesitaría trabajar fines de semana, tiempo extra (y sin pago extra, claro), pues el proyecto trascendía los problemas técnicos y llegaba a los políticos; ese día ya un poco tarde se reunieron los miembros que conformaban el equipo, programadores, consultores, líderes y gerentes, la persona a cargo de la junta hizo el peor comentario que había escuchado en mi vida sobre lo que iba a suceder en esa reunión, él dijo lo siguiente: "Vamos a hacer una junta, dónde se puedan quejar, en la que puedan decir sus inconformidades, pero al final del día, no va a pasar nada, no vamos a hacer nada, no vamos a cambiar nada." La cara de muchos de nosotros mostró decepción.
Bueno pues, la junta comenzó cuando estuvimos todos reunidos, y empezaron a preguntar que se necesitaba discutir, nadie decía nada, nadie hacía nada, entonces fue cuando uno de los consultores (que estaba a punto de retirarse de la empresa) comentó, que si la bronca era política no era necesario incluir a los consultores, que los problemas deben verse por niveles, el problema debe llegar hasta quien pueda hacer algo por ello, es decir zapatero a sus zapatos, si eres líder debes de lidiar con la parte política pues para eso te pagan, si eres consultor o programador tu problema debe de ser hacer correctamente tus consultas, reportes o programas. Que no es disculpa que el líder crea que hay mucha presión y que él está presionado, para que entonces tenga un motivo para bajar la presión al nivel de los técnicos y que estos ayuden con ella, no es necesario tampoco pasar la mala onda, pues a final de cuentas una de las funciones del líder es manejar la parte política del proyecto pues para eso te pagan, no quieres broncas políticas hazte programador, no quieres problemas administrativos entonces no seas líder o gerente. De ahí en adelante y como siempre pasa en este tipo de discusiones todos los demás empezaron a apoyar al compañero y pues como había comentado al inició la junta sirvió únicamente para que todos se desahogaran porque al final no pasó nada.
Días después me puse a platicar con el compañero que empezó y me comentó una importante filosofía, si algo no es buen negocio no sigas haciéndolo. En ese momento el compañero me estaba hablando de trabajo y me dijo si el trabajo te deja poco tiempo y te estresa mucho, y no dejas de pensar en eso es que no estás ganando lo suficiente, es decir que si lo que ganas vale lo que trabajas, sigue ahí, pero en caso contrario pues busca otro empleo. En algún momento de mi vida decidí que tenía razón pero no quiero decir que siempre busques una retribución (monetaria)
a las cosas que haces, mas bien si algo no te termina de agradar, modifícalo, si algo no termina por convencerte y puedes hacer algo, cámbialo, si algo te está jodiendo la existencia, detenlo, para no hacer el cuento largo, que si algo de lo que haces no te deja nada bueno, pues abandónalo. Esto aplica en casi todos los aspectos de la vida. Pondré algunos ejemplos:
Si una persona te busca cuando necesita algo y no te ayuda cuando tú lo necesitas, o si esta persona solo te busca para echar desmadre y no para ser tú amigo, pues no lo busques y no estés para él.
Si crees (o dices) que no tienes tiempo para nada, pues deja de ver televisión llegando del trabajo a la escuela y deja de quejarte de que no tienes tiempo para hacer las cosas que quieres, no creo que nadie se preocupe o te pregunte o te juzgue por no haber visto ayer el capitulo de estreno de la serie de zombis.
Si te gusta ir a beber con tus amigos y te quejas de que no tienes dinero, pues deja de gastar en invitarles (o invitarte) una botella o copa.
Y claro, si tu trabajo te quita mucho tiempo o no te alcanza ($$$) o no haces lo que quieres o es un tormento para ti, cambia de trabajo, ve y haz lo que amas, a la larga y por experiencia propia te comento es mejor hacer lo que realmente te gusta.
Bueno, pero como saber que algo es un buen negocio, por que te retribuye a ti, porque estás contento, y esa felicidad te dura, no es corta, ni efímera, debe de ser una felicidad que te satisfaga, esta debe de durar más allá del tiempo en el que ejecutas la acción, que al finalizar lo que haces no te haga sentir culpable, ni arrepentido.
A modo de resumen les diré qué:
sábado, 24 de marzo de 2012
Sobre como aprendí sobre la bondad ( o La bondad de mi padre)
Comenzaré a contar algunas de las cosas que tengo muy presente en mi cabeza, es algo que me llena de orgullo comentar, es una anécdota de mi infancia.
Era regular en mi familia salir a viajar, una de esas tantas veces fuimos en autobús a la ciudad de Querétaro (mi infancia la viví en Gto), no contaré que hicimos en esa ocasión pues no lo recuerdo, pero seguramente fue un buen viaje, regularmente visitábamos plazas comerciales, íbamos al cine comíamos en algún buen lugar, eran buenos tiempos, pasar tiempo con tu familia siempre es buen tiempo y para mí viajar siempre era un placer, sobre todo cuando visitábamos otras ciudades.
Pero bueno, mi historia no es sobre esa visita, es sobre el camino de regreso, como anteriormente comenté fue en autobús, así que fuimos a la Terminal de autobuses de Qro, campramos una bebida para cada quien, abordamos el camión, este salió de ahí y emprendimos el camino de regreso a Gto, el viaje siempre es por la carretera federal no 57, está demás decir qué no era un buen tiempo para el país, (desde que tengo recuerdo nunca he escuchado que sean buenos tiempos para el país) desde hacía poco tiempo había un puesto de revisión justo antes de salir del estado sobre la carretera que ya mencioné. En este puesto de revisión detenían desde vehículos particulares hasta camiones de comercio terrestre, es decir que ningún vehículo se salvaba si es qué se vía sospechoso. Los autobuses de pasajeros aleatoriamente eran detenidos también, esa vez fue así, nos detuvieron, un contingente de varios soldados, subió al autobús, había muchos lugares libres, mi madre y mi hermana iban juntas, al igual que yo y mi padre. Preguntaron nombres y propósitos de viaje, yo no me había dado cuenta, un chavo de unos 16 años (yo en ese tiempo tenía entre 10 y 12 años) iba sentado solo uno cuantos lugares atrás, este fue abordado por los soldados y uno de ellos le empezó a gritar pues no tenía identificación ni iba acompañado, la escena duró varios minutos, hasta que él empezó a llorar y los soldados decidieron que era suficiente y lo dejaron en paz.
El autobús arrancó y seguimos el camino y el llanto se escuchaba en todos lados. Nadie hacía nada, entonces mi padre se paró fue hasta el lugar que estaba desocupado al lado de este niño, y platicó brevemente con él. Regresó conmigo y me dijo que le diera el refresco que habíamos comprado antes, y se lo dio, escuche como le comentaba que ya no había más puestos de revisión que estuviera tranquilo, que si nos volvían a detener él iba decir que era su tío y que viajaban juntos, que ya no lo molestarían que ya no le gritarían, que el camino iba ser tranquilo y que el estaría seguro. Siendo sincero me pareció raro, nadie había hecho nada, a nadie le importó la tristeza, desesperación, el miedo o demás sentimientos de este chico, pero a mi padre sí. En ese momento entendí que hacer cosas por alguien que no conoces está bien, bueno, no solo está bien, es necesario, somos muchos y todos tenemos problemas y todos tenemos un poco de tiempo para hacer algo por alguna otra persona.
Ese día aprendí algo muy importante, algo que se me quedó grabado hasta ahora, algo que mi padre me enseñó con el ejemplo, algo que no aprendes en la escuela, esto que es tan importante y tan difícil de ilustrar, que solo lo puedes entender cuando pasa, comprendí la importancia de extenderle la mano a un desconocido, cuando este lo necesita.
Era regular en mi familia salir a viajar, una de esas tantas veces fuimos en autobús a la ciudad de Querétaro (mi infancia la viví en Gto), no contaré que hicimos en esa ocasión pues no lo recuerdo, pero seguramente fue un buen viaje, regularmente visitábamos plazas comerciales, íbamos al cine comíamos en algún buen lugar, eran buenos tiempos, pasar tiempo con tu familia siempre es buen tiempo y para mí viajar siempre era un placer, sobre todo cuando visitábamos otras ciudades.
Pero bueno, mi historia no es sobre esa visita, es sobre el camino de regreso, como anteriormente comenté fue en autobús, así que fuimos a la Terminal de autobuses de Qro, campramos una bebida para cada quien, abordamos el camión, este salió de ahí y emprendimos el camino de regreso a Gto, el viaje siempre es por la carretera federal no 57, está demás decir qué no era un buen tiempo para el país, (desde que tengo recuerdo nunca he escuchado que sean buenos tiempos para el país) desde hacía poco tiempo había un puesto de revisión justo antes de salir del estado sobre la carretera que ya mencioné. En este puesto de revisión detenían desde vehículos particulares hasta camiones de comercio terrestre, es decir que ningún vehículo se salvaba si es qué se vía sospechoso. Los autobuses de pasajeros aleatoriamente eran detenidos también, esa vez fue así, nos detuvieron, un contingente de varios soldados, subió al autobús, había muchos lugares libres, mi madre y mi hermana iban juntas, al igual que yo y mi padre. Preguntaron nombres y propósitos de viaje, yo no me había dado cuenta, un chavo de unos 16 años (yo en ese tiempo tenía entre 10 y 12 años) iba sentado solo uno cuantos lugares atrás, este fue abordado por los soldados y uno de ellos le empezó a gritar pues no tenía identificación ni iba acompañado, la escena duró varios minutos, hasta que él empezó a llorar y los soldados decidieron que era suficiente y lo dejaron en paz.
El autobús arrancó y seguimos el camino y el llanto se escuchaba en todos lados. Nadie hacía nada, entonces mi padre se paró fue hasta el lugar que estaba desocupado al lado de este niño, y platicó brevemente con él. Regresó conmigo y me dijo que le diera el refresco que habíamos comprado antes, y se lo dio, escuche como le comentaba que ya no había más puestos de revisión que estuviera tranquilo, que si nos volvían a detener él iba decir que era su tío y que viajaban juntos, que ya no lo molestarían que ya no le gritarían, que el camino iba ser tranquilo y que el estaría seguro. Siendo sincero me pareció raro, nadie había hecho nada, a nadie le importó la tristeza, desesperación, el miedo o demás sentimientos de este chico, pero a mi padre sí. En ese momento entendí que hacer cosas por alguien que no conoces está bien, bueno, no solo está bien, es necesario, somos muchos y todos tenemos problemas y todos tenemos un poco de tiempo para hacer algo por alguna otra persona.
Ese día aprendí algo muy importante, algo que se me quedó grabado hasta ahora, algo que mi padre me enseñó con el ejemplo, algo que no aprendes en la escuela, esto que es tan importante y tan difícil de ilustrar, que solo lo puedes entender cuando pasa, comprendí la importancia de extenderle la mano a un desconocido, cuando este lo necesita.
Para mi primer entrada solo diré que este blog es para mí, no para usted estimado lector, no trato de enaltecer lo que hago o lo que vivo, trato de encontrarme escribiendo, es un ejercicio para enteder(me) y recordar(me), no son mis memorias pues no estoy muriendo, ni tengo idea de vivir menos de lo que me toque hacerlo, no quiero que mi vida sea corta o termine antes tampoco. No tengo un tema específico sobre cual escribir, gracias a eso no limitaré mis palabras y experiencias, si me encuentra aquí, no respondo por lo que usted lea (o entienda) querido lector. No prometo llevar un orden cronológico tampoco, pero en cambio cualquiera entrada que encuentre aquí será sincera.
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